Por: Andrea Cadena Bitar

Cuando entramos al mundo de la improvisación teatral, nos encontramos en un terreno que desafía nuestra concepción convencional del teatro. La naturaleza misma de la impro nos lleva a prescindir de material preparado previamente en ensayos. A diferencia de las producciones teatrales dramáticas, no tenemos guiones, espacios preestablecidos ni estructuras fijas. En lugar de eso, la esencia de la improvisación radica en la capacidad de los actores para transformarse en múltiples figuras teatrales en cuestión de minutos. Para lograrlo, el entrenamiento se convierte en un pilar fundamental. Omar Argentino Galván, en su libro “Del salto al vuelo” (2013), define el entrenamiento como un momento quizás a veces tedioso, pero obligatorio y necesario. Dicho entrenamiento no es solo un calentamiento previo al trabajo escénico, es parte integral del mismo, un requisito indispensable para comenzar.

“Ante la imposibilidad de realizar un ensayo tradicional, en el que se preparan y fijan pautas a ser repetidas en un montaje; y debido a la similitud de la Impro con el deporte, se le dice entrenamiento a los encuentros en los que los improvisadores se adiestran, practican e investigan el arte de lo espontáneo; su laboratorio constante. El entrenamiento no implica la creación de un espectáculo, sino que también funciona como un espacio en el que ejercitar los músculos de la Impro.” (Argentino, 2013, p. 275)

Durante mis clases en la Academia Creativa de Acción impro suelo comenzar el entranamiento con la frase “Caminemos por el espacio”. Esta frase, aparentemente simple, que muchas veces aborrecí siendo estudiante, ahora considero que es en realidad un ritual poderoso que nos conecta con el presente, nos une como grupo y nos prepara para la creación en escena. Es el inicio de la preparación para la creación, el punto de partida de nuestro entrenamiento. Durante el entrenamiento, los improvisadores trabajan en aspectos como la escucha activa, la respuesta rápida, la construcción de personajes y la creación de historias coherentes. Se enfocan en fortalecer su confianza y habilidades de trabajo en equipo. Esta preparación no solo se trata de crear un espectáculo, sino de ejercitar los músculos de la improvisación.

Durante este 2023, he tenido la oportunidad de entrevistar a varios improvisadores colombianos, incluyendo miembros de Acción Impro, quienes han compartido sus perspectivas sobre el entrenamiento en la improvisación. Dejo algunas de las ideas que me parecen importante resaltar sobre el entrenamiento.


Gigio Giraldo destaca que un improvisador asume múltiples roles instantáneamente: director, dramaturgo, actor e incluso editor. El entrenamiento es la clave para desarrollar y fortalecer estas habilidades. Daniel Orrantia, por su parte, compara la improvisación con el deporte, enfatizando la importancia de mantener un entrenamiento constante. Así como un futbolista entrena y juega para mejorar, los improvisadores necesitan práctica y juego para perfeccionar sus habilidades. Carlos Pérez subraya la importancia de mantener un cuerpo dispuesto y alerta, capaz de adaptarse y responder eficazmente en el escenario. El cuerpo de un improvisador debe ser expresivo y estar preparado para ejecutar movimientos y acciones convincentes. Jairo Pinzón destaca que el entrenamiento no solo se refiere a habilidades físicas, sino también a capacidades mentales, como la espontaneidad, la creatividad y la agilidad mental. En la improvisación, un cuerpo entrenado es esencial para apoyar la interpretación y las formas representativas.

Gustavo Miranda enfatiza la importancia de entender el entrenamiento como una preparación para una fiesta. Retomando las palabras del dramaturgo Mauricio Kartun y el fluido acrítico. Durante el entrenamiento, los improvisadores se preparan para dejarse llevar y disfrutar del proceso, sin miedo a cometer errores. Después de la “fiesta”, llega el momento de analizar y mejorar. David Sanín agrega que el entrenamiento también proporciona un espacio para la reflexión, donde los improvisadores pueden discutir y analizar lo que sucedió en el escenario y cómo pueden mejorar su desempeño.

Las anteriores percepciones permiten entender la impro  como  un acto colectivo que a diferencia del teatro tradicional, no implica ensayos previos, sin embargo los entrenamientos actúan como el cimiento sobre el cual se construyen la constancia, la comunicación y las bases de la improvisación. A través de la práctica constante, se desarrolla una conexión grupal que permite la construcción de historias coherentes en el escenario. El entrenamiento en la improvisación no es simplemente una preparación física y mental, es un proceso colectivo que fomenta la confianza, la comunicación y la creación escénica. Los improvisadores se adentran en un mundo donde la constante práctica y el trabajo en equipo son esenciales. En lugar de ensayar, entrenamos para estar listos en cualquier momento, El entrenamiento es el terreno sobre el cual se construye el arte de lo espontáneo. La magia empieza cuando caminamos por el espacio.

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