Improvisadora, guionista, productora, directora y a veces hasta comercial, he sido tantas cosas en estos más de 20 años haciendo parte de Acción Impro que trazar una línea de tiempo recta no sería posible, lo que sí ha sido una constante es que siempre me han abierto puertas y posibilidades inimaginadas.
Todo empezó así
La primera vez que supe de Acción Impro fue gracias a una contraseña falsa muy bien hecha cuando tenía 16 años. El grupo se presentaba en un bar que se llamaba Arte Vivo y según mi hermano y sus amigos era tan gracioso que valía la pena pasar el susto de que, tal vez, si había un ojo muy entrenado en la puerta, no me dejaran entrar.
Esa noche puedo decir que cambió mi percepción de lo que asumía que era teatro y entendí que existía una manera diferente, divertida y un poquito descarada de pararse en un escenario. Meses después, me enteré de que los integrantes de ese grupo de improvisación que me había abierto la mente, tenía una escuela abierta y yo, que me había hecho el pacto de no entrar de una vez a la universidad, aproveché que había terminado el colegio para darme un semestre de libertad y poder estudiar otras cosas antes de entrar a jugar a ser adulta de verdad (o al menos así veía yo el hecho de meterme a estudiar una carrera).
Después de haber estudiado en la academia todos los niveles posibles de ese momento, que fueron 3, empezaron a surgir diferentes posibilidades de seguir improvisando: montajes corporativos, reemplazos y hasta un match internacional en el que fui la cuota femenina que faltaba para equilibrar el equipo colombiano. Todo esto mientras estudiaba Comunicación y Lenguajes Audiovisuales. Justo en la mitad de la carrera, después de un intento de cambio de universidad y otras desilusiones académicas, decidí tomarme otro semestre para reconsiderar lo que quería y en este tiempo, como caído del cielo, llegó un contrato con Acción Impro que ocupó 4 de los 6 meses que decidí darme una pausa para recalcular la ruta. Una vez terminé los 10 semestres, que en realidad fueron 11, vinieron unos años de distancia intermitente con el grupo, aunque seguía yendo al teatro a verlos, los trabajos de oficina me mantuvieron alejada por un tiempo del escenario, pero con todos siempre presentes en mi corazón junto a los mejores recuerdos.
En 2017 llegó otra experiencia que marcó mi vida y que todavía añoro (como otras personas que hicimos parte del equipo). Los Fáciles fue un producto audiovisual creado para una marca de motos de una de las empresas que siempre ha creído en nosotros; creamos una serie web con variedad infinita de personajes, un mundo donde todo era posible y la única premisa era mostrar diferentes temas de manera fácil. De ese universo tan rico nació incluso un personaje (Luz Edenis) que hoy hace parte de uno de los montajes del grupo (Los de La Oficina). Ese cruce de dimensiones creativas solo las permite un terreno tan fértil como el de Acción Impro.
En 2019 hice el último intento de pertenecer al mundo corporativo y volví a tomar distancia. Seis meses después de estar atrapada en una rutina de oficina entendí que, aunque no tuviera muy claro el rumbo, todo me estaba pidiendo reconectar con mi lado más libre. Se abrió la posibilidad de entrenar impro de nuevo para hacer parte de Cinedición, creé un personaje que uniera varios de mis intereses (astrología y el mundo audiovisual) y justamente el día en que iba a montarme muerta de susto de nuevo al escenario, decretaron la pandemia y nos encerraron a todos. Lo vi como una especie de señal y pensé que ya habría tiempo de hacerlo. Pasaron los meses y no se abrían de nuevo las puertas del teatro, celebramos 20 años unidos en la distancia y en mí solo quedaba la pregunta: ¿cómo volver a hacer parte activa de Acción Impro?
Volver
En 2022 ya había entendido que mi idea de tranquilidad y éxito no estaba resumida a las rutinas propias de una oficina convencional, me reencontré con el grupo en los ensayos que se programaron con la intención de encontrar un nuevo formato.Gracias a esa reconexión y a que tenía una buena cantidad de tiempo libre, confiaron en mí para escribir, dirigir, producir y actuar en un montaje corporativo que se presentaría en 5 ciudades. Habiendo superado ese reto, empecé a encargarme aleatoriamente de la producción de ciertos eventos y, poco a poco, fui entrando de nuevo en la dinámica de Acción Impro.
En 2023 apareció otro proyecto audiovisual de frecuencia mensual que tenía la necesidad particular de alguien que se encargara de la parte de producción, esta vez no estaría frente a la cámara sino detrás, y aunque nunca me había visto como productora, consideré como un beneficio mi formación audiovisual y el hecho de conocer el ejercicio de la impro desde diferentes perspectivas para darle una visión más rica al cargo.
Hacer parte de la producción de un lugar como Acción Impro es una sorpresa constante, no puedo decir que tenga una rutina porque no la tengo. Cada semana es una aventura distinta, pero siempre existe la certeza de ser parte importante de la estructura que sostiene y permite que el talento de quienes fueron mis maestros y han sido mis amigos (y por fortuna también mis compañeros de trabajo), pueda brillar cada vez que salen a escena o se paran frente a una cámara.
Ser productora es ser un poquito de todo, una mezcla extraña entre mamá, secretaria, cocinera e inventora. La capacidad de resolver, desde la petición de un cliente hasta un botón que no aparece, es un talento que solo en la diferencia de cada día he podido desarrollar.
Me he parado desde tantos lados diferentes a vivir la impro -y de la impro- que siento que la conozco cada vez más, y aún así, siempre logra sorprenderme y enseñarme una lección nueva. Me gusta ser productora porque me permite hacer que las cosas pasen. Me gusta ser productora porque no soy solo eso, porque cuando tengo tiempo sé que siempre está la puerta abierta para que siga haciendo todas esas otras cosas que disfruto tanto: actuar, escribir, dirigir y ser parte de un grupo que admiro en el que creo cada vez más.
La palabra que viene a mí cuando pienso en Acción Impro es “gratitud”. No cabe en otra palabra lo que pasa por mi mente y lo que siente mi corazón cuando miro hacia atrás. ¡Les debo tantas cosas! Mis grandes amigos, mis mejores trabajos y la posibilidad de explotar mi potencial al máximo. Han creído más en mí que yo, he podido ser y hacer tanto que me queda difícil pensar en otro sitio que pueda igualarlo. Por eso al saber que cumplimos 25 años y que yo he estado cerca de ellos por más de 20, me lleno de orgullo y de ganas de seguir adelante para improvisar desde donde la vida nos ponga, pero que sea juntos.

