Hace poco me topé de nuevo con una de esas frases que uno ve tantas veces que se convierte en paisaje, pero algo tuvo esta vez que me dejó pensando y con una idea clara en la cabeza. Es una cita atribuida a Albert Einstein que dice algo como “Si juzgas a un pez por su capacidad de trepar un árbol, crecerá toda la vida creyendo que es un inútil”. Es tan cierta y es tan obvia y es tan fácil de comprender…y tan seguido no lo hacemos. Me sacudió porque trajo recuerdos de momentos en los que me habría gustado tener la chance de poder decir más, pero como no lo hice entonces, espero que ahora este texto llegue a tiempo para muchos.
Sucedió que después de una clase previa a las muestras finales de la Academia Acción Impro, escuché a varios compañeros y compañeras hablar muy bien de otros pero sin reconocer en ellos sus propios talentos y, por el contrario, llenándose de miedos que después llevaban a escena. “Es que fulanito es muy gracioso y yo no”; “en que aquella tiene mucha cancha y a mí me cuesta”; “es que tal otro es súper creativo y a mí me da pena proponer algo y que no guste”. Y lo más increíble es que son personas dotadas de unas capacidades que muchas veces soñamos tener los demás, pero ese miedo auto impuesto termina convirtiéndose en un bloqueo que no tiene cabida y, sobre todo, que no es justo.
Una frase que escucho constantemente por parte de mis maestros improvisadores es que cuando hacemos impro, “como no tenemos nada, lo tenemos todo” y para que ese todo sea cada vez más grande, más sólido, más efectivo, todos los talentos, agudezas, ingenios y demás tienen cabida. En escena he visto improvisadores que poco hablan pero que con un par de movimientos y un pequeño sonido “pintan” con toda credibilidad un castillo o un taller. Hay otros que son excelentes haciendo sonidos y unos tantos cuyas capacidades de escucha están por encima del promedio (y una buena escucha sí que es necesaria en la escena). Los hay quienes están muy informados o quienes tienen un don nato para los acentos o para la música o los que están al día en temas de moda que van desde política hasta farándula. Hay cuerpos cuya sola presencia tiene magia y otros tan maleables que se transforman en cuestión de segundos en animales o en objetos. Hay quienes son graciosos. Hay quienes proponen. Hay quienes tienen verbo largo. Hay quienes dicen poco, pero contundente. Hay grandes contadores de historias. Hay tantos, tantos. Y cuando se juntan, aparece la magia.
“Brilla, para iluminar a otros”, me dijo un día una compañera después de una función de Los Impredecibles en la que todos lucimos porque trabajamos para los demás. Qué concepto tan simple y tan hermoso. En la impro no se trata de ser el más gracioso, ni de buscar que todos los aplausos me tengan como puerto de llegada. Que es lindo, no te lo voy a negar. Que se siente maravilloso cuando es tu chiste el que causó la carcajada del público, sería un canalla si dijera que no es una dosis de dopamina egocéntrica. Pero acá el cuento es otro, acá si funcionamos todos, el show saldrá mucho mejor.
Jugar para que el otro brille, se ilumine, saber cuáles son sus puntos fuertes y construir para que también se luzca. Darle la mano al compañero y recibirla cuando me la ofrezca. De eso, justo de eso, es que se trata este cuento. Un buen improvisador, además de escuchar, sabe observar y a medida que nos vamos conociendo y compartiendo escenarios, nos vamos dando cuenta de cuál es nuestro fuerte y cuál el de nuestros compañeros. Todos seremos muy buenos en la medida que comprendamos que la impro es una creación colectiva. Y como siempre he sentido que la impro hace también parte de la vida, me atrevo a llevar este concepto a nuestro trabajo o nuestros vínculos en el día a día, pero eso da para otro texto.
En alguna entrevista, a Juan Román Riquelme, aquel grandioso jugador de fútbol, le preguntaron por su capacidad para entender el juego y su respuesta fue clara y simple: “para yo hacer lo que hago, necesito que cada uno haga bien su trabajo”.
No se trata de tener todas las capacidades ni dominar a la perfección cada área de la impro. Se trata de encontrar lo que sientas que es tu talento y tu capacidad, eso que te hace diferente. Por eso te invito para que la próxima vez que entres a clase o llegues al ensayo, te tomes un momento y pienses en eso que te hace tan tú. Estoy seguro que ahí está y es que tan solo no lo habías visto, entonces brillarás para iluminar a los otros.


